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Flags of Our Fathers [Banderas de Nuestros Padres]

Reseña sobre la película de Clint Eastwood, Flags of Our Fathers.

Crítico Jeffrey Overstreet

Flags of Our Fathers
3.5 Estrellas

Restringida. Menores de 17 años acompañados por un adulto
(por secuencias gráficas de violencia de guerra, y por profanidad)

Género: Drama, Guerra, Historia

Puesta en estreno en cines:
20 de octubre de 2006
por Warner Bros.

Dirigida por: Clint Eastwood

Duración: 132 minutos

Reparto:
Ryan Phillipe (John Bradley), Jesse Bradford (Rene Gagnon), Adam Beach (Ira Hayes), Barry Pepper (Mike Strank), John Benjamin Hickey (Keyes Beech), John Slattery (Bud Gerber), Paul Walker (Hank Hansen), Jamie Bell (Ralph Ignatowski)
Dicen que “la guerra es un infierno”. También lo es la propaganda de guerra.

Ambas observaciones se ilustran fuertemente en la nueva película de Clint Eastwood, Flags of Our Fathers [Banderas de Nuestros Padres], basada en el libro de James Bradley sobre la vida de seis infantes de marina estadounidenses quienes aparecen en la foto llamada “Levantando la bandera sobre Iwo Jima”.

Al comienzo vemos tres soldados: John Bradley (Ryan Philippe), Rene Gagnon (Jesé Bradford) e Ira Hayes (Adam Beach) trepando una colina empinada. Cuando llegan a la cima, triunfantemente levantan la bandera estadounidense.

Pero este no es el momento de aquella famosa foto tomada en 1945 por el reportero Joe Rosenthal sobre el Monte Surabachi en una pequeña isla japonesa. No, esto es una recreación sobre una colina artificial, coreografiado para una audiencia.

Los infantes de marina están parados en el Chicago's Soldier Field, bajo un cielo iluminado por fuegos artificiales, saludando a los norteamericanos que se sienten consolados por aquella dramática foto en blanco y negro. Forman parte del vigoroso esfuerzo de propaganda militar, persuadiendo a los estadounidenses patrióticos que compren bonos de guerra. Y funciona, la gente entusiasmada abre sus billeteras para mostrar su apoyo hacia aquellos que todavía luchan contra Alemania y Japón.

La imagen de Rosenthal capturó la imaginación norteamericana. Nos inspiró a esforzarnos para triunfar y confortó a las familias angustiadas de los infantes de marina. Así fue llevada a la imprenta, imitada y actuada para mantener en alto la moral y el ingreso de dólares. “El país estaba cansado de la guerra”, rememora el capitán retirado (Harve Presnell). “Una foto, casi por si sola, dio vuelta todo”.

Así, vemos a Bradley, Gagnon y Hayes, los tres de la fotografía que sobrevivieron, recibidos como héroes por salir airosos del mayor asalto en la historia militar estadounidense. Pero mientras saludan y sonríen, son perseguidos por el hecho de que Soldier Field no es para nada comparable con Monte Surubachi. Cuando le llegó el momento de levantar la bandera no fue tan glorioso como todos creen que fue. Y, en su opinión, los verdaderos héroes murieron en la isla.

Todo dicho: aproximadamente 26.000 vidas, casi 7000 norteamericanos y más de 19.000 japoneses, murieron en Iwo Jima. (La perspectiva japonesa se revelará en la continuación de Eastwood, Lettters from Iwo Jima [Cartas desde Iwo Jima], en febrero.) El sufrimiento no terminó cuando los infantes de marina volvieron a casa. Los horrores continuaron, repitiéndose en sus mentes como una película, empujándolos hacia el silencio, la depresión.

El tema de la violencia predomina en Eastwood en una película tras otra. Después de haber hecho el papel de pistolero heroico innumerables veces, la legenda de Hollywood con sus 76 años se decide a quitarle el glamour a la violencia y rescribir nuestra definición de héroes. Como en su obra maestra, Unforgiven [Imperdonables], sus personajes frecuentemente usan la violencia con las mejores intenciones, pero luego llevan la carga de la duda y el daño posterior.

Flags of Our Fathers es en esencia sobre héroes de guerra, sobre el porqué los necesitamos, cómo los incomprendemos y sobre cómo sería para un infante de marina ser catalogado como héroe. Eastwood nos muestra que con frecuencia hay un abismo entre lo que sucede en combate y lo que se le comunica al país a través de los noticieros y el gobierno.

Es un recordatorio apropiado para su momento. Pero no es, como algunos temían, una serie de acusaciones al gobierno por manipulador y deshonesto. Claramente, la campaña para representar a los “héroes” de Iwo Jima fue una obra maestra de relaciones públicas. Y aun así, Eastwood nos lleva a especular si algún grado de deliberada distorsión podría haber valido la pena, considerando cuántas vidas quizás se habrían salvado gracias a esa fotografía.

La película de Eastwood nos plantea de manera contundente preguntas muy profundas pero no nos da respuestas satisfactorias. Desafortunadamente, la película no llega a traducir todo el impacto del memorable libro de James Bradley (junto con Ron Powers).

Para ser justo, se puede hacer mucho más en 400 páginas que en dos horas de pantalla. Las banderas de Bradley relatan la investigación de la experiencia del hombre en la célebre foto y cuya cara puede verse de perfil, su padre, John Bradley, soldado sanitario de la marina. Según James Bradley, John se rehusó a hablar acerca de esa pesadilla, y no fue hasta después de la muerte del veterano que James desenterró no sólo la hi
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storia de su padre, sino también la de los seis infantes de marina que lo acompañaban.

Simplemente es demasiado para una sola película. Eastwood parece entender esto; entonces pone toda su atención al cubrir la batalla y la gira de relaciones públicas, dejando a un lado las historias detalladas de los infantes de marina.

Con la ayuda del productor Steven Spielberg, entrega una visión estimulante de la guerra, potenciado por la fantástica cinematografía de Tom Stern y las innovaciones y los efectos especiales que hicieron a Saving Private Ryan [Buscando al soldado Ryan] tan memorable. El diseño de imagen y el sonido provocan el asombro, incluso cuando nos hacen sobresaltar y desviar la mirada de la pantalla. Los colores apagados dan la sensación de ser un material de archivo.

Aún, mientras la recreación es sin duda creíble con un montaje paralelo de fotos de archivo de la guerra que nos muestra que Eastwood hizo su parte de investigación, los personajes se pierden. La película podría haber funcionado mejor si se hubiera enfocado en comparar las experiencias de los dos infantes de marina (a la manera que Chariots of fire [Carrozas de Fuego] yuxtapone las historias de dos atletas olímpicos) o si se hubiera expandido a una miniserie para detallar mejor estas vidas. Las biografías memorables contenidas en el libro de Bradley se reducen aquí a interpretaciones imprecisas. El reparto de talentosos y jóvenes actores, en especial Philippe, Jaime Bell, de King Kong, y Barry Pepper, de Buscando al Soldado Ryan, hacen lo mejor que pueden con los personajes que están al borde de ser insulsos. Eastwood nos lleva a lo más profundo de la batalla, pero no lo suficiente en la vida de los personajes que la están peleando.

El único personaje que realmente cobra vida es Tra Hayes, un nativo americano, previamente personificado por Tony Curtis en The Outsider [Rebeldes] en 1961. Durante la gira, Hayes sufre persecución debido a su etnia, lo que inspira fácilmente nuestra compasión. Pero recibimos más que sus momentos de miseria y ebriedad; vemos imágenes y escenas tristes de su vida de posguerra y de la confusión que le crea ser indígena y héroe americano, a la vez. Adam Beach (Windtalkers) le da a Hayes dimensión, y gana algo de admiración por su actuación.

Por otro lado, algunos de los personajes secundarios son poco más que fastidiosas caricaturas, el más molesto es el de Pailine (Melanie Lynsky), la novia de Gagnon en búsqueda de fama.

El otro punto débil de la película es su estructura. Escrito por Willian Broyles Jr. y Paul Haggis, el guión constantemente nos saca de la tormenta de balas y sangre, a la perturbadora gira de las relaciones públicas en casa, al relato de los veteranos en el presente, y así otra vez. Al hacerlo, mantiene al espectador constantemente desequilibrado. Y después de un rato, parece ser que las secuencias sólo denotan los puntos redundantes y obvios.

“La imagen correcta puede ganar o perder una guerra”, dice el veterano. ¿Tendrá la imagen presentada por Clint Eastwood un significado duradero? Muchas películas de guerra nos han mostrado que “la guerra es un infierno”, películas como Western Front [Sin novedad en el frente], Apocalypes Now , Full Metal Jacket [conocida como La chaqueta metálica; Cara de guerra o Nacido para matar], Grave of the Fireflies [La tumba de las luciérnagas], Saving Private Ryan [Buscando al soldado Ryan] y Thin Red Line [La delgada línea roja] cuentan historias memorables a través de los ojos de inolvidables y únicos personajes. Es poco probable que esta película, Flags of Our Fathers, sea catalogada entre las mejores del género bélico.

Es más probable que sea recordada por las insistentes preguntas acerca de las negociaciones éticas que parecen ser necesarias para reforzar una nación en tiempos de guerra. Como en The Manchurian Candidate [El mensajero del miedo], The Man Who Shot Liberty Balance [El hombre que mató a Liberty Balance] y Three Kinas [Tres Reyes], es probable que la película de Eastwood incremente el resentimiento por confiar en lo que los noticieros y el gobierno nos dicen. Pero puede hacernos más pacientes y entender mejor si los eventos causan mucha bulla debido a un propósito superior.

Cuando la continuación, Letter from Iwo Jima [Cartas desde Iwo Jima], se estrene en febrero, Eastwood nos mostrará la misma batalla a través de los ojos de los defensores japoneses de la isla. Cuando comparemos y contrastemos las dos películas, podremos descubrir que combinan un logro cinematográfico monumental con una profunda meditación sobre la guerra, la virtud y la naturaleza humana.

Será interesante ver si los norteamericanos estarán igualmente dispuestos a comprar entradas para ver una película sobre el enemigo que una sobre sus propios y heroicos infantes de marina. Cristo nos alentó a considerar a nuestros enemigos y, es más, a amarlos y orar por ellos. Es un acto de humildad y compasión recordar a los caídos de ambos lados de la guerra, y el arte es una de las más poderosas avenidas para ese tipo de contemplación. Por lo tanto, Eastwood debería ser reconocido por embarcarse en un proyecto con dos partes muy ambiciosas.

Hablemos Sobre Esta Película
1. ¿Te parece que los jóvenes infantes de marina en su camino a Iwo Jima tenían una idea acertada de lo que les esperaba? ¿Qué podrían haberse imaginado de la guerra? ¿Cómo podrían haber entrado en conflicto las realidades con sus expectativas?

2. ¿Qué admiras de los infantes de marina según lo se muestra aquí?

3. Hablen sobre las personalidades y las experiencias de los tres personajes principales: Bradley, Gagnon y Hayes. ¿Porqué es difícil para ellos trabajar en la campaña de relaciones públicas cuando regresan?

4. ¿Da la película una sensación de que hay una diferencia entre las realidades de la actual acción militar, la manera en que se ve en las noticias, y la manera en que es caracterizada por el gobierno? Debate.

5. ¿Es apropiado en algún momento distorsionar los hechos, o exagerar detalles, para tranquilizar a las familias de los infantes de marina o inspirar apoyo a los soldados?

6. ¿Ha cambiado esta película tu impresión de la fotografía famosa de Iwo Jima? Si es así ¿de que manera cambió


Rincón Familiar
Esta película merece su restricción para menores de 17 años por violencia, profanidad, y la horrible carnicería en el campo de batalla (la cual es tan gráfica, y tal vez peor, que la de Buscando al Soldado Ryan).

Usado bajo licencia de Christianity Today International. Traducción exclusiva para Integridad.com. © Jeffrey Overstreet 2006, sujeto al acuerdo de licencia con Christianity Today International.


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