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Amar Es Siempre Bueno; No Amar Es Siempre Malo.
¿No sería maravilloso si en todos sus tratos, deliberaciones y dificultades con la gente hubiera siempre una respuesta correcta, una cosa correcta para hacer que diera resultado todas la veces?
Por Josh McDowell
El hermano Barrón, nuevo maestro de la clase de jovencitos en la escuela dominical, decidió que la primera lección debía ser sobre la voluntad de Dios. Después de enseñar intensamente durante cuarenta y cinco minutos, concluyó la lección con una pregunta de aplicación: “¿Cómo podemos saber cuáles la voluntad de Dios para nuestras vidas hoy?” La mayoría de los alumnos tenía la mirada clavada en el piso o en sus Biblias, en silencio como lo estuvieron durante la clase. Pero un muchachito, con una sonrisa llena de seguridad, levantó entusiastamente la mano.
—A ver, dinos Darío —dijo el maestro con gran expectativa.
—Creo que la mejor manera de encontrar la voluntad de Dios es leyendo la Biblia y orando —dijo Darío sin titubear.
—¡Perfecto, Darío! —exclamó el hermano Barrón. El maestro se fue a casa ese día gozoso de que al menos había impresionado a uno de sus alumnos.
El siguiente domingo, el hermano Barrón enseñó acerca de la tentación, concluyendo:
—¿Cuál es la mejor manera de reconocer, como cristianos,a la tentación y resistirla?
Nadie pareció haber prestado atención durante la lección,pero una vez más, Darío levantó la mano.
—Hermano Barrón, si leemos la Biblia y oramos todos los días, no cederemos a la tentación.
—Gracias, Darío. Nuevamente tienes razón.
El maestro sonrió encantado y se fue a su casa contento por el éxito obtenido. El tema del tercer domingo era la fe.
—¿Cómo podemos aumentar nuestra fe? —concluyó el maestro posando su mirada en su alumno modelo. Darío no le falló.
—Leyendo la Biblia y orando, hermano Barrón; así es como aumenta nuestra fe.
El hermano Barrón después de estos tres exitosos domingos ya se creía el mejor maestro de escuela dominical en la iglesia.
Después de la clase llevó a Darío aparte:
—Te quiero agradecer, Darío, por prestar atención a la lección y por contestar las preguntas clave.
—No, si no presté atención —respondió Darío con la sincera desfachatez de que sólo es capaz un adolescente—. Me la paso pensando en el partido de fútbol de esta tarde, como todos los demás chicos.
La expresión del maestro cambió a una de sorpresa e incredulidad:
—Pero siempre tienes la respuesta correcta a mis preguntas. Algo tienes que estar escuchando.
—Hermano Barrón, vengo a la escuela dominical desde que nací. Lo único que sé es que “leer la Biblia y orar” es siempre la respuesta correcta —explicó Darío.
¿No le gustaría a veces que la vida fuera tan sencilla para usted como lo era la escuela dominical para Darío? ¿No sería maravilloso si en todos sus tratos, deliberaciones y dificultades con la gente hubiera siempre una respuesta correcta, una cosa correcta para hacer que diera resultado todas la veces? No queremos simplificar demasiado una cuestión tan vital, pero realmente sí hay una cosa universalmente correcta para hacer, que es aplicable y apropiada para todas las relaciones. El amor es la respuesta correcta. Amar es siempre la acción correcta. Tanto la sociedad como las Escrituras son testigos de que todos los absolutos morales se reducen a uno: Amar es siempre bueno; no amar es siempre malo.
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