cosquillas-225x250No es difícil de imaginar. Si estudiaste, tuviste situaciones límite, o sencillamente momentos de presión, habrás sentido lo que yo sentí… una especie de sensación nerviosa en los abdominales. Un cosquilleo que empieza en la boca del estomago y termina en la inquietud de tus rodillas.

Algún examen al que llegaba con poca información. Alguna cita donde debía pensar muy bien mis palabras, para caer bien. O un concierto de esos que no te aseguran que vas a recuperar la inversión, sobre todo por lo impredecible de la audiencia. Pero donde más se sufre esto es cuando nos equivocamos.

Muchas veces lo pensé, casi desde que me empezó a suceder. Siento que tal vez esta reacción química tiene más que ver con una autodefensa que sencillos nervios por el miedo al fracaso.

Quizás solo son un aviso, una señal de alerta antes de que suceda lo peor.

Es que no hay peor mentira que aquella que nos creemos nosotros mismos, ya que nos aleja completamente de lo objetivo y lo sincero. Por eso imagino que nos empiezan a navegar los censores nerviosos las mariposas, sólo para avisarnos que si no somos capaces de mejorar, nos irá mal casi indefectiblemente.

Alguna vez pensé esto, que les quiero compartir hoy.

Creo que ese sistema genial creado tal vez por el que nos hizo, por nuestra psiquis, o vaya uno a saber por quién, esta para defendernos.

Es sabido que la gente que por el motivo que fuere, tiene distorsionado el sentido de la responsabilidad, carece de sentimientos de culpa. Nada más lejos de un médico que yo, pero creo haber leído que se debe a el mal funcionamiento del sector del cerebro que se encarga de generar los químicos que nos hacen sentir culpables o presionados por una mala conducta… lo que conocemos como ¡sentimiento de culpa!

Así que por raro que parezca, así como el cuerpo genera anticuerpos para defendernos de los ataques virales, nuestra mente invento este sistema para avisarnos si algo anda mal con nuestros actos.

Las cosquillas, pequeños dolores y hormigas en la panza están ahí para avisarnos que no hicimos todo lo que pudimos. Que no debimos decir esa mentirita piadosa. Que la consecuencia de no tener todo ordenado en nuestra vida, nos traerá algún trastorno, o que simplemente no debemos estar ahí para vivir lo que viene.

Cuando perdemos nuestra brújula, perdemos la orientación. Cuando ya no sentimos ese pequeño malestar por nuestro cargo de conciencia, tal vez empecemos a hacer todo mal… ¿no?

Quizá sea una de mis notas más difíciles de escribir, o de entender, tal vez ni yo me entiendo, pero estoy seguro que la gente responsable padece estos síntomas.

Ojalá que no evitemos sentirnos mal cada vez que estamos al borde de equivocarnos.

Ojalá que los que se dicen impecables, reconozcan que todos nos equivocamos alguna vez.

Por mi parte, sólo te digo, que siempre se puede volver, de cualquier lado, y desde cualquier profundidad a donde se haya caído… es la verdad mejor guardada por los que no nos quieren bien.

A vivir sin culpas, pero a no evitar esas preciosas hormiguitas en la panza, cada vez que nos damos cuenta lo humanos que somos.