He estado tratando de decir adiós al año pasado y mirar con gran expectativa este nuevo año. Si eres como la mayoría de las personas, el año pasado ha sido una mezcla de éxitos y reveses, alegría mezclada con lágrimas. Lo inesperado llegó. El cambio se llevó a cabo sea que estuviésemos preparados para él o no, pero una constante siempre fue la fidelidad de Dios. Porque Él fue fiel, las largas noches tuvieron un fin, los días de desesperación misericordiosamente pasaron, y la vida siguió adelante. Para algunos el proceso ha sido más prolongado, pero podemos estar seguros que Su fidelidad aún los sacará adelante.

Al buscar del Señor para el año 2009, sentí que Él decía que 2009 será un año de restauración y renovación para muchos. Antiguos sueños serán resucitados así como nuevas oportunidades de pronto estarán disponibles. Profecías dadas hace muchos años serán recordadas y se abrirán las puertas para su realización. Esperanzas que han sido sepultadas bajo la decepción repentinamente recibirán alas para liberarse y volar. Cosas que nos han impedido avanzar serán desechas. Cargas que nos han aplastado serán levantadas para siempre. Será un buen año, un año rico en realizaciones, pero vendrán “poco a pocoâ€.
 
Sé que todos queremos ver nuestras esperanzas y sueños hechos realidad inmediatamente. Queremos el despegue rápido, pero la manera de Dios a menudo es poco a poco, paso a paso, día a día, medida tras medida, ladrillo tras ladrillo.
 
Él hizo una promesa al pueblo de Israel que les daría una herencia sin igual, pero dijo que se las liberaría “poco a pocoâ€. A medida que ellos aumentaran en la fe, en estatura espiritual; que cumplieran fielmente las tareas de cada día, que se multiplicaran y crecieran, se les daría en mayor medida y más de la promesa. En otras palabras, tenían que crecer en su herencia. Hubo lecciones que aprender, experiencias que ganar, revelaciones de las que aferrarse antes que pudieran entrar en su plena herencia. Dios quería asegurarse que serían capaces de mantener lo que les estaba dando y ser mayordomos para Su gloria y alegría de ellos.
 
Por lo tanto, debemos ser fuertes y listos para la batalla, listos para correr la carrera sin desalentarnos, prestando atención a las pequeñas cosas tanto como a las grandes cosas y seguir adelante, independientemente de la situación o las circunstancias. Ahora no es el momento de desacelerar o cansarnos o distraernos; es el momento de levantarse y aferrarse. Dios nos aumentará en las cosas del Espíritu y Él nos impartirá, medida tras medida, todo lo que necesitamos para aferrarnos a la promesa. El gran avance vendrá, la promesa se hará realidad y la esperanza será satisfecha en 2009. Por lo tanto, ¡mantén los ojos en la promesa y sigue adelante!