La vida de José cuenta una interesante historia de cómo Dios trabaja en todas las cosas que experimentamos, en las cosas por las que Él nos hace pasar. Cuando miras todas las cosas que José tuvo que soportar, no tiene sentido; incluso parece tan injusto. Fue casi asesinado por sus propios hermanos y luego vendido como esclavo. Más tarde acabó en la cárcel porque se negó a acostarse con la esposa de su amo. Cada vez que él hace el bien, fue recompensado con el mal. Vivió con justicia, pero fue contado entre los injustos. A veces la vida es así, ¿verdad? Es difícil ver cómo un Dios justo y amante puede permitir que tales cosas sucedan; permitirnos pasar por tiempos tan difíciles.
 
Pero entonces, cuando das un paso atrás y observas la vida de José de acuerdo al tiempo de Dios, logras una perspectiva totalmente diferente. ¡La vista a ras del suelo es muy diferente de la vista desde el Trono de Dios! Al leer a través de los capítulos 37 a 46 del libro del Génesis, comienzas a ver cómo el Señor estaba trabajando en moldear tanto a José como Sus planes para la salvación de toda la humanidad.

De repente empiezas a ver la sabiduría de Dios; comienzas a ver la gracia y la misericordia de Dios empezando a brotar del lienzo de la vida de José y todas sus pruebas. Al igual que la famosa capa de muchos colores de José, el amor, la misericordia y la gracia de Dios se dejan ver en un hermoso conjunto. De pronto, la razón de todo aquello por lo que José pasó se vuelve clara y los sacrificios de José valen la pena. Como el propio José declara finalmente: “Dios me ha hecho fecundo en esta donde he sufrido”. Génesis 41:52 (NVI)
 
A menudo es muy difícil de entender lo que Dios está buscando con nuestras vidas mientras estamos pasando por ella. Sólo podemos ver las cosas desde una perspectiva estrecha. Y muchas veces estamos pensando sólo en la situación inmediata o en una necesidad urgente, mientras que Dios está pensando en cosas mejores, cosas más grandes, cosas a más largo plazo.

Podemos ponernos ansiosos. Podemos amargarnos y enrabiarnos. O podemos rendir todo a Dios y confiar en Él. Él está trabajando. Cada vida es preciosa para él. Él desea que cada vida refleje la gloria del Padre. Él está trabajando construyendo algo hermoso y totalmente encantador en cada uno de nosotros. Dale espacio para trabajar. Dale tiempo para terminar su trabajo. Confía en Su destreza.
 
Esta es mi oración: “Señor, sé que estás trabajando en mi vida. No entiendo muchas de las cosas que me han sucedido, pero sé que estás trabajando en perfeccionarme, moldeando y configurando Tu plan y propósito en mí. Sé que a veces tienes que rebajar antes de que puedas edificar, quitar antes que puedas dar. Sé que a veces tienes que arrancar las cosas viejas para hacer espacio para cosas nuevas. Sé que a veces puede que necesite doblarme y darme forma para que encaje en tus propósitos. Es doloroso. Es desconcertante. Parece ser interminable. Pero yo confío en ti Señor. Voy a esperar pacientemente que Tu propósito se desarrolle en mi vida. En cada paso del camino, al igual que José, ayúdame a caminar en fidelidad y santidad delante de ti. Señor, me rindo bajo Tu mano poderosa. Sé que estoy seguro en esas manos. Así que sigue trabajando Señor y no te detengas hasta que yo sea todo lo que Tú quieres que sea”.