Hay momentos en que el Señor nos pide que hagamos algo que no tiene sentido, desafía toda lógica, va a contrapelo de lo que se nos ha enseñado o hemos aprendido a través de la experiencia. El primer encuentro de Pedro con Jesús fue así. Él y su grupo de pescadores había trabajado toda la noche en el Lago de Genesaret (también conocido como el Mar de Galilea), pero no habían capturado nada. Supongo que los pescadores tienen sus días buenos y sus días malos. Y en lo que a Pedro se refería, se trataba de un mal día. La experiencia le había enseñado que no había nada más que se pudiera hacer en esos días, excepto empacar y regresar a casa.

Entonces Jesús viene y le dice que salga de nuevo y lance las redes. La respuesta de Pedro es “Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada” (Lucas 5:5 NVI). Creo que Pedro estaba siendo cortés. Quiero decir que aquí está un carpintero que está tratando de enseñarle a pescar a un pescador. Ellos habían trabajado duro toda la noche y no capturaron nada. Estaban cansados. Estaban frustrados. Y además acababan de lavar y limpiar sus redes y estaban listos para irse a casa.

Pero algo acerca de este carpintero es diferente y Pedro agrega: “Pero como tú me lo mandas, echaré las redes” (Lucas 5:5 NVI). Si se me permite parafrasear eso, Pedro estaba diciendo, “Señor, no tiene ningún sentido. Tengo mucha experiencia en estas cosas. Créeme, sé de lo que estoy hablando. Es inútil salir de nuevo. Es una pérdida de tiempo. Nada bueno saldrá de esto”.

Pero entonces está esa sumisión a la voluntad de Dios: No tiene sentido… está más allá de mi capacidad de comprender, PERO Tú eres el Señor… sabes cosas que yo no sé, no puedo saber, nunca sabré. Tienes tus maneras. Tienes tu propósito. “Tan grande es Dios  que no lo conocemos” (Job 36:26 NVI).

Pedro se sometió a Jesús en algo tan simple como el lanzar sus redes y cosechó una recompensa — “recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían. Entonces llamaron por señas a sus compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos se acercaron y llenaron tanto las dos barcas que comenzaron a hundirse… [ellos] estaban asombrados…” (Lucas 5:7-9 NVI).

Y eso fue sólo el comienzo. Su obediencia le valió un lugar entre los doce y le preparó para el liderazgo de la iglesia. Grandes cosas tienen inicios pequeños. Obediencia y sumisión a Dios siempre abren las puertas a cosas más grandes, mayores recompensas. “¿Están ustedes dispuestos a obedecer? ¡Comerán lo mejor de la tierra!” (Isaías 1:19 NVI).

¿Qué es lo que el Señor te está diciendo a ti? Él se ha acercado a ti de repente diciendo: “Sal hacia aguas profundas, y lanza las redes para pescar”. ¿No tiene sentido? ¿Va en contra de tu experiencia y formación? ¿Parece una pérdida de tiempo? ¿No es lo que estabas esperando? Puedes recurrir a lo que sabes o puedes depender de lo que Él sabe. Puedes abstenerte y perder o puedes lanzar las redes según Sus instrucciones y apoderarte de lo que Dios ha propuesto para ti. ¿Y quién sabe qué gran pesca Él ha preparado para ti más adelante? Independientemente de las discusiones de tu corazón o las protestas de tu mente, que tu respuesta sea: “Pero como tú me lo mandas, echaré las redes”.