“Una vez me queje con Dios por todas las interrupciones en mi ministerio, para luego darme cuenta que esas interrupciones eran mi ministerio†– Anónimo

Yo estaba en la típica rutina de un Sábado en la mañana con una lista de cosas que debía comprar en el supermercado. También tenía otra lista con muchas actividades y deberes que debía terminar antes del mediodía.

Empecé en el área de las frutas y verduras para luego moverme hacia los cereales y las bebidas. Me encontraba frente a una torre de cajas de bebidas y justo al pie de ellas había una anciana encorvada y delicada tratando de levantar una de las cajas. La señora, pensando que yo trabajaba en el supermercado, se puso a conversar conmigo y amablemente me pidió si le podía ayudar con la caja porque era muy grande y pesaba mucho. Luego me pidió si le podría conseguir un carrito y que le ayudara con otras compras que ella necesitaba.

Cuan fácil hubiese sido la simplicidad de decirle a la señora, “no tengo tiempo†o “estoy apuradoâ€, ya que realmente si estaba apurado con una tremenda lista de cosas por hacer y muy poco tiempo disponible, y peor de todo yo no trabajaba ahí. “Que otra persona le ayude†se me paso por la mente. Fácilmente pude seguir caminando y tratar de ignorarla como si no hubiese escuchado su petición. No hubiese sido la primera vez que había ignorado a alguien de esa forma.

Ya que no había nadie del supermercado disponible en ese momento, tome la decisión de ayudarla. Una vez que cargue la caja de bebidas por una trayectoria larga en los pasillos del supermercado para luego finalmente ponerla en un carrito, tome la oportunidad de ayudarla con sus otras compras. Después de aceptar sus breves pero amables palabras de gratitud por la ayuda, ella pago por sus compras y se fue por su camino. La mirada en su rostro me dio a entender que yo había hecho lo correcto en tomarme un par de minutos de mi tiempo limitado para ayudarla.

Pero de vez en cuando hay interrupciones y luego hay INTERRUPCIONES. Imagínate si hubieses pagado miles y miles de dólares y haber planeado por varios años una incursión para subir al Monte Everest… y con menos de tres horas de esa espectacular llegada a la cima, una interrupción te fuerza a abortar tu viaje completamente. Esa si sería una gran INTERRUPCIÓN.

Eso es exactamente lo que le paso a Daniel Mazur y sus compañeros. El día era perfecto. Los cielos estaban sin nubes y el trasfondo azul era como una pintura fresca. Eran las 7:30 A.M. con 10 grados bajo cero. Daniel y su equipo estaban por tener la experiencia de sus vidas, poder pararse en el techo del mundo.

A medida que ellos iban subiendo el monte, Daniel visualizo desde el costado de su ojo derecho un color amarillo en la nieve. En su asombro, se dio cuenta que el color amarillo a la distancia era un hombre que estaba sentado en la nieve sin rasgo de vida. Ahí estaba el veterano escalador Lincoln Hall, sin mascarilla de oxigeno, saco de dormir, comida o agua. Lincoln levanto su cabeza y la bajo nuevamente, como si ya se hubiese dado por vencido y decidido dejar de vivir. El nunca debió haber estado vivo a esa altura sin su tanque de oxigeno y menos con el frío insoportable de esa mañana. Su propio equipo de escaladores pensó que Lincoln no tenía salvación y lo dejaron ahí en el monte para morir.

De inmediatamente, Daniel dijo “No podemos dejar a este hombre aquí para que se mueraâ€. El resto del equipo de Daniel se pusieron de acuerdo con el para luego interrumpir su escalada que habían preparado por años e invertido miles de dólares. Asombrosamente, Lincoln sobrevivió.

No hay mucha gente que haya tomado una noble decisión como esta. El propio equipo de Lincoln lo dejaron en el monte para morir, prefiriendo no interrumpir la ascendencia del resto del grupo. Es triste decirlo, pero las personas hoy en día han perdido la capacidad de entender lo que es importante en la vida.

El encanto de estar en la punta del Monte Everest crea una alusión donde ellos apuestan hasta sus vidas o las vidas de otros por estar en la cima, aunque sea por un par de minutos.

Las interrupciones muchas veces pueden desordenar nuestros planes. Por supuesto que hay una gran diferencia entre ayudarle a alguien a cargar una caja pesada y salvar una vida en el Monte Everest. Pero cuando esos momentos interrumpen mis obligaciones y mi vida cotidiana, espero siempre responder como yo quisiera que tú respondieras cuando mis necesidades interrumpan tu vida y obligaciones.