¿Vieron que los primos tienen generaciones? Algunas veces se juntan primos de la misma edad, y son como un club aparte. Con los años y el crecimiento tendemos a unirnos todos, pero de chicos tenemos nuestros preferidos.

Es así que la primera tanda de primos en mi familia nos tiene a nosotros, los mas grandes, unidos como hermanos. Nunca voy a olvidar esa tarde; No era común salir de chicos, ¡y mucho menos ir al cine!

Por algún motivo desconocido, de donde vengo, era mal visto ir al cine… gracias a Dios tengo una mamá a la que le importó poco, así que allá fuimos los primos del club de los más grandecitos. Claro que teníamos sólo 7 u 8 años, así que de grandes muy poco.

Entramos al cine, quizás fuimos a ver una película que si digo quién la protagonizaba, sacaran cuentas rápidamente y sabrán que fue por los benditos ’80s. Empezó la película, y todos estábamos muy entusiasmados. Hasta que nos dimos cuenta que un primo empezó a hacer gestos de dolor. Le preguntamos que le pasaba. Contesto que le dolía un oído, justo el que yo podía ver de mi lado, ya que estábamos sentados juntos.

El dolor se hizo más fuerte, y ya dejó de disfrutar la función como todos. Nos contó que hace días venia así, y que cuando los dolores venían, su mamá (mi tía) le ponía unas gotitas que lo aliviaban. Pero estábamos en un cine de los ’80s, en donde pagabas una entrada y podías ver 2 ó 3 películas continuadas. ¡Y si querías repetías la misma película 10 veces! Y como íbamos tan pocas veces al cine, salir para atenderlo significaba perder las entradas de todos… una catástrofe de proporciones bíblicas.

Dio su mayor esfuerzo, se acomodó de lado, giró hacia el otro, y cuando no daba más, me pidió entre unas casi lágrimas orgullosas si por favor podía soplarle el odio suavecito, tal vez eso le aliviaría el dolor. Así que con tal de no perder la tarde de cine con Olmedo y Porcel (uy… me vendí… jajaja) fui al rescate y traté de ayudarlo con lo que pudiera.

¡Y así fue! Nos pasamos el resto de la película, intentando mirar y reír sin darnos cuenta de lo que le pasaba. Cuando volvíamos a casa fue sólo una anécdota que quizás sólo yo recuerde hoy.

¿Saben qué pienso? Creo que no fui ningún héroe. Tal vez como dije sólo lo hice para no perder. Quizás sólo intenté terminar la película. Me imagino soplándole el oído al hombre que es hoy y me da vergüenza… jajaja.
Pero también pienso en lo sencillo que fue aliviar su dolor. Tan fácil como soplar despacito una oreja doliente. Tan insignificante como prestarle atención al malestar ajeno.

Hoy después de tantos años, espero que vuelva a pasar. Que tenga una oportunidad más de aliviar el dolor de alguien más. Y que lo haga sin dudar ni especular con las recompensas.

Dale. ¡Anímate! A veces por no girar la cabeza y mirar al lado, no podemos ver lo fácil que puede resultar aliviar la carga de otro. Sólo costará un poquito de aire fresco, y tu interés.

Ah, me olvidaba… no recuerdo nada de esa película, no se si era Olmedo , Porcel, Los Parchis o alguna cinta de aquellas… a riesgo de sonar cursi o alguna otra cosa, amo a mi primo todavía aunque los hombres grandotes como nosotros no se digan esas cosas… y lo volvería hacer aunque le hubiera pasado en Volver al Futuro. Bueno… ¡eso si sería un desastre!

¡Mejor llevo en mi auto unas gotitas para el oído!